domingo, 30 de agosto de 2009

Mientras yo me voy y ana se queda



No le cuesta mirarse en el espejo porque ya no hay nada que reflejar. Tampoco le importa que la ventana esté cerrada mientras la habitación se llena del humo de su cigarro, ¡total, no va a respirar! ¿Quién necesita que paren un mundo que hace tiempo se detuvo para ella?
En el fondo, ella fue todo lo que nunca nadie se atrevió a decir en voz alta.

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